Si era el Paraíso. Cap. V - 5

 Sí era el Paraíso

Capítulo V: Una península en aguas tenebrosas - Página 5 


Publicado: Julio 19 de 2024

<<Si bien el concepto es fundamental en el entendimiento de un tema crítico, y este a su vez imprescindible para un proceso de toma de conciencia: hay algo que prevalece por sobre las competencias e incompetencias de los llamados a liderar estos procesos de cambio estructural, que unos llaman “instinto de supervivencia”; una respuesta intuitiva que olfatea el peligro, que en principio, no está mal que actúe como una reacción individual, o que no siempre conjugue maravillosamente con el sentido de incumbencia; pues una vez liberada la materia de sus ataduras de silencio y ocultamiento: cundirán las cadenas, no de oración perezosa, si de acción e iniciativa de la que acaso el propio Dios se sienta orgulloso -y aliviado>>


El clima se une a la lucha

Aun el clima y sus efectos crecientes de anomalía y destrucción, aquel otro juego de palabras que tanto detestaba el anacronismo político de entonces -y más que negarlo a partir de ese banco de prejuicios que superpoblaban sus abstenciones, cegueras y por ende su ignorancia espontánea, en realidad los enmudecía irrefutablemente-, se sumaron también a inhumar su abundante indigencia temática, con la esperanza, muy seguramente de que, tal cual los problemas del país que su incapacidad los limitaba a afrontar y buscar solución, tan preocupados como estaban en tramar su pernoctación en el poder: con solo cerrar los ojos, estos se diluirían. 


Una ausencia atroz de prevención de catástrofes o sus fondos destinados a ese fin, irresponsablemente malversados, era un común denominador a hallar en especial en las zonas de mayor riesgo y vulnerabilidad, mientras al final de cada estación los efectos de las olas de calor y sus nada sutiles formas de alerta, una y otra vez pasaban como balas silbantes rozando sus inútiles sienes, desatando en ellos -plenos de confianza en el señor (a quién no se cansaban de ofender infatigablemente con sus actos de intolerancia y desprecio por los mas vulnerables o invisibilizados, o por quienes no hacían vista gorda a sus perversidades ideológicas y psicopatológicas)-, un alivio inusitado cual si cada anterior fuera la última de la ráfaga que el viento acarriaba.


Y es en ese escenario, pleno de incertidumbres que la ausencia de esa primera valla que es el compromiso, agrisaba aún más un panorama llamado a unir con rotundidad estruendosa a la sociedad, haciendo perceptible con su irascible acto de presencia, una inevitable toma de conciencia respecto de los cada vez más destructivos periodos de deterioro del clima: que recién el tema comenzó a ser parte del debate, el doméstico. Primero tímidamente como esa alternancia geográfica de los embates del clima, aquí y allá, dando una falsa impresión circunstancial, excepto por esa magnitud creciente, dantesca, que desde diversas latitudes traían las noticias, que obligaron a las familias a tocar el tema aun por encima del silencio oficial.


Si bien las primeras advertencias severas llegaban literalmente como baldazos de agua del cielo para erradicar con gran sobresalto aquella somnolencia eriaza que ponía en segundo plano temas que, estaba visto, implicaban la propia supervivencia humana; era un halo de esperanza al fin y al cabo, comprometer directamente a cada individualidad humana a actuar, y luchar contra ese factor destructivo derivado del calentamiento de la tierra y aquellos en adelante, efectos palpables del poder catastrófico del clima.


La actitud individual, el cambio de paradigmas de conducta, en lo personal, pero también como presión a los gobernantes para una toma de conciencia invertida, ya no solo podían estar en manos de unos pocos defensores in situ de aquellas apenas nominativas "Áreas geográficas protegidas" de una amazonía cada vez más tomada por las hordas destructivas de la codicia, el delito y la violencia; o de un ambientalismo convertido en apenas un eco consuetudinario de cumbres baldías en las que a nada concreto se arribaba, mientras los plazos corrían implacablemente. 


Había que empujarlos a dar fin a esa cerrazón, ineptitud e intransigencia, de permitir que aquel pulmón y regulador a su vez de la temperatura y el ciclo del agua, que era la amazonía -el bosque tropical más grande del planeta-, sea impunemente deforestado por las plagas más letales de los tiempos de involución vividos: la tala ilegal, la minería ilegal y el narcotráfico, y esa secuela de muerte y destrucción dejada a su paso; incluída la más perniciosa de las amenazas que cual la consumación de una profecía se cernía en medio de la incertidumbre: el repliegue de la conciencia ciudadana que cada vez con más énfasis, iba permitiendo la presencia de la inescrupulosidad en la política. Seres esperpénticos que si no estaban involucrados hasta el cuello en la nocividad de estas lacras, blanqueando impunemente con sus leyes, sus dineros mal habidos; o siendo ciegos vocacionales cómplices ante la contaminación impune de los ríos, asimismo por las empresas extractivas formales: lo estaban a través de desvergonzadas legislaciones a favor de los igualmente nocivos monocultivos y otras actividades productivas a gran escala, incluída la ganadera; lo que los hacía tan o más más culpables que aquellos.


En esta correlación de desatinos que aquejaron a la humanidad desde siempre y que la ausencia de convicción e indolencia sobre lo colateral agravaba en sumo, y para que no quede ninguna alusión al desconocimiento como excusa, fue imprescindible como parte esencial de un "vademecum de la supervivencia", ponerse al día en los aspectos conceptuales de la crisis climática, tan comunes en sociedades menos coercitivas con el libre pensar. Así, evitar que la temperatura alcanzara los 2° celsius por encima del último registro obtenido en 1880, cuando el mundo dio un salto hacia el vacío con el inicio descontrolado de la Revoluciòn Industrial y el uso indiscriminado del carbón, el petróleo y otros combustibles contaminantes; debía ser una suerte de plegaria de inicio del día, pues estaba en juego -de llegar a tal extremo-, desatarse el inicio de un circuito anómalo en el comportamiento del clima que a partir de entonces, ni un drástico corte en el uso de estos combustibles sería capaz de frenar su grado de malignidad .


Si Yaku, aquel raro ciclón aparecido en el 2023 en unas costas bañadas por corrientes marinas frías de Perú, nacía a 1,2° celsius por encima de la era preindustrial: había de imaginar su nivel de incidencia a 1.5° grados de una temperatura considerada aceptable por el panel Intergubernamental de científicos de la ONU, pero que como iba la escalada de calor, al parecer estaba decidida a no esperar tanto como el inicio de los años 30 para su incidencia irremediable. 


La retroalimentación

No es que desaparecieran como tales las estaciones reguladoras del clima, era el excesivo calor del verano, sumado al efecto invernadero acrecentado por la nube de contaminantes en la atmósfera, aquello que dificultaba el enfriamiento de los mares, sumado a ello el deterioro del otro factor importante de regulación del clima que son los polos -ambos factores básicos del retorno de parte de los rayos solares a la atmósfera vía reflejo-, asimismo en crisis de recuperación tras las temporadas de deshielo, a causa de las altas temperaturas. Todas señales inequívocas de que ya no estábamos para períodos transicionales, los cuales sí hubiesen servido décadas atrás.


Si bien la ausencia de políticas de concientización de la ciudadanía era parte de esa ineficiencia de los políticos que en grados distintos contribuyeron al caos, y gracias a esa somnolencia estacionaria entre el estado y la sociedad, llegado el momento en que el mundo se viera obligado a hacer un cambio drástico en la matriz energética, llegar a paradojas de no tener alternativa con que evitar la paralización de las economías, y resbalar inevitablemente al abismo: había sin embargo todavía cierta lógica para paliar una reversión de ese estado de cosas operacional a partir de un simple quiebre conceptual que se iniciara con algo sencillo de hacer: una elección meditada de autoridades por parte de la propia sociedad . 


Pero respecto al clima, al no ceñirse este a esquemas históricos rígidos, ni siquiera seguir una pauta metodológica basada en hechos que no se habían registrado antes: todo resultaba impredecible, incluso para la propia predictibilidad científica, cuando las fronteras de las estaciones comenzaron a desvanecerse y los impactos de las lluvias o las sequías, intensificarse con radicalidad, mientras el calor (la raíz del problema) comenzaba a apurar la previsibilidad de los grados y el plazo atribuído. Si 5 años bastaron para que la temperatura subiera 0.2° celsius, alcanzando en 2023 los 1.2 grados, ello no significaba que reciên en otros 5 años se alcanzarían otros 0.2 grados adicionales, y presumiblemente aquellos ya temidos 1.5 grados -todavía soportable para la estabilidad climática (aun cuando con sobresaltos)-, recién se alcanzara en 2030. 


¿Pero adonde además de los mares halla el sol sus efectos máximos de irradiación de calor y acumulación térmica, que es en suma lo que contribuye a alimentar el efecto invernadero causado por la quema de combustibles fósiles? Pues en ese cemento que tanto enceba los egos de las autoridades -en especial locales-; y en la aridez de zonas ausentes de vegetación, gran parte de cuyo acrecentamiento es agudizado por efecto de la tala indiscriminada de bosques y selvas tropicales -y aquel siempre negociable forado humano por donde una latente humedad perviviente por siglos, se evapora inmisericordemente y desaparece en un abrir y cerrar de ojos.


"Es entonces que algunas "erres" de la resistencia humana, como el reciclaje, la reducción, la reutilización, pero sobretodo, la reforestación, que puede nacer de un espacio otrora desdeñado en algún rincón de la casa, tuvieron que ser desenterradas cual si del cofre de un tesoro se tratase, y cobrar`la relevancia que merecen, por lo menos como forma de reivindicación personal", dice Lara Tuesta, que en las postrimerías de un invierno, particularmente frío, vuelve al ruedo.


Escribe: Rodrigo Rodrigo

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30/09/23 | 20:55 ¿PORQUÉ NO LO DEJAN SOLO, SI LES QUEDA ALGO DE DIGNIDAD


LE DIERON UN MICRÓFONO CUANDO CORRESPONDÍA PONERLE LAS ESPOSAS
Que vergüenza, Biden y Harris felicitan al criminal Netanyahu por desatar un polvorín en Oriente Medio. Claro, como ellos le abastecen las armas y municiones, no existe posibilidad alguna que le vaya mal, después de todo, la armada gringa está ahí, por si las cosas no salieran como ellos planean. Entonces resulta que la guerra no es de Netanyahu, es de Biden, de Harris, de Trump y de toda esa hipocresía bipartidista norteamericana prepotente que se cree dueña del mundo.
¡SOLO RECUERDA G I JOE, LOS TIEMPOS DE HOY, YA NO SON MÁS LOS DE IRAK! Sería inútil pedir a EEUU que dejen solo a la hiena, porque sabemos que no lo van a hacer, sin más armas ni pertrechos, mucho menos esos barcos y aviones desplegados en la zona de conflicto que solo alimenta su sed de sangre: pero serviría para menguar un tanto, esa aversión que el llano del mundo ha desarrollado por EEUU, en proporción similar al sentimiento de rechazo que genera Israel.