Sí era el Paraíso
Capítulo V: "Una península en aguas tempestuosas"
Pág. 1
Ingreso: 20 oct 20023
Actualizado: 08 nov 2023 l 01:55
Ultima actualización: 31 ago. 2024 l 00:44
"Cuerpo, alma, conciencia, tres elementos que rigen la vida del ser humano. El alma, ese meollo de energía inconmensurable que enciende el sistema y pone en actividad la vida. El cuerpo, aquella compleja estructura animada jamás creada, y sus complementos que habrán de regir sus movimientos: con sus extremidades, sus ojos, oídos y boca adaptados para la interrelación. Y la conciencia, esa capacidad de discernir alojada en el alma que, tras un periodo único de dependencia parental del cuerpo en maduración, lo facultará para valorar y decidir el rumbo a seguir”.
“Así, la decisión de seguir un camino propio, no inducido -cual sería lo óptimo, tratándose de un ser dotado de inteligencia-, y eventualmente a entrar en conflicto con algún estado de cosas pre establecido, anómalo; o acoplarse a este: será entera responsabilidad de quién así lo determina".
Conforme el arrecio del deterioro del clima dejaba en evidencia un panorama sombrío en perspectiva, entrada ya en la última década previa a ese temido punto de inflexión que evidenciara su irreversibilidad; si bien en la mayoría de países del mundo, una especie de conciencia perpleja generalizada de sus gentes, de una necesidad de exclusión de las políticas globales con fines proteccionistas, marcaba el abrazo en cadena hacia corrientes mas conservadoras, creyendo ingenuamente que así protegerían sus economías del deterioro producto de los efectos del cambio climático -asusados, como no, por ese negacionismo a ultranza y su ya patentada capacidad de manipulación de la información muy propio de ellos-; lo sucedido en el Perú sí que marcó un hito en la percepción del mundo sobre este discreto país.
Si bien desde siempre preponderado por una especie de gamonalismo perpetuo de sus élites dominantes, pero insólitamente desde mediados del penúltimo oncenio del armisticio climático, dominada por lo más inescrupuloso, prejuicioso, discriminativo y menos ilustrado de su ala política -lo que interpretaba los inexplicables desbordes de los índices de atraso e inequidad-; sumado a ello un arrecio inusitado en la manipulación de la fe con fines políticos con grados de distorsión de magnitudes bíblicas: todos indicios nítidos de decadencia y caducidad sistémica que hizo que los propios ojos de Dios se posaran en este rincón del planeta; algo distante y silencioso quizás en el contexto global, pero profundamente impactante ante el grado de lesividad y afrenta en el profesado de su credo.
Aquello que el temor, la necesidad de alternativas y una especie de búsqueda de protección en la fe divina como último recurso, determinaba esa fuerza incontrolable que alimentaban su desesperación y llevaban en masa al mundo a abrazar esas corrientes otrora desdeñadas, de cuya ocasión no perdía tiempo en sacar provecho el extremismo conservador -cual si de una insaciable pesca en un lago en proceso de secado se tratase-; en el Perú, algo inexplicable comenzó a suceder a la par de ese inicio de exacerbación climática.
Con sus actores políticos poseídos por una suerte de parálisis mental que algún ente maligno comenzara a manejar desde la clandestinidad, atacando su lado mas débil, esa fe que ellos no se cansaban en poner en relevancia como su mas cara motivaciôn, mientras con total desenfado violaban cada uno de los más básicos preceptos que rigen la cristiandad; era tal el grado de abstracción de la realidad en la que cayeron, que ni la gran emergencia que ya comenzaba a elucidarse con indicios nítidos de deterioro progresivo del clima desde finales del tercer quinquenio del siglo 21 -a la par de su enajenada incursión autoritaria en el Parlamento, y desde entonces propagada sucesivamente su irracionalidad cual si de un virus pandémico se tratase-; ni esa fe ufanada hasta el cansancio ser portavoces y referentes en la comunidad -y en tiempos de peligro acerca más al creyente a su doctrina primigenia, y no la desfigura y acomoda a sus intereses con interpretaciones sesgadas-, los disuadió, siete años después cuando ya era evidente que la crisis hídrica producto de las sequías devendría en una crisis productiva y alimentaria, de esa codicia inoculada en sus almas y esa búsqueda ciega de poder, que no pone reparos cuando de tejer complicidades y pactos obscuros se trata, con lo mas ruin de la sociedad.
Cobraba entonces relevancia, aquella extraña subyugación mitomaniaca dominante, a cuyos designios, multitudes de élites organizacionales se alineaban como autómatas en señal de corroboración de los tiempos de asedio recorriendo los pasillos de una fe que sucumbe a la falsedad como parte de un culto, para entonces lo suficientemente deformado como para presentirlo ajeno.
Todo lo necesario para obligar a romper la neutralidad de la mirada de ese creador al que tanto mentaban en vano. Tanta inconsciencia, tanta burla y ofensa no podía ser producto de un orden natural de deterioro mental o evolutivo. Aquello que para tantos era motivo de temor; mas que por si mismos, por sus hijos y por los hijos de estos, era inexplicable que a un grupo reducido de seres lunatizados por el poder -y sus clientes cautivos que daban quórum a sus iniciativas de degradación que no más del 8% de la población (a la baja) aprobaba-; les fuera permitido destruir un orden institucional, básico para la convivencia de los pueblos, tan difícilmente logrado desde la caída la dictadura en los 90s, sin que se le opusiera una resistencia enérgica y férrea.
Pero, si bien en esa alma consciente dotada al humano cabía la posibilidad de aflorar todo tipo de emociones y sentimientos, incluído el desasosiego, también estaba la fortaleza y la dignidad que impulsa a luchar hasta el final. Y era claro que no había porqué dar todo por perdido si había todavía un buen trecho por recorrer, angosto y accidentado quizás por tanta desidia e indiferencia, pero alternativa al fin y al cabo; y una cultura perviviente de resguardo de los valores democráticos de probada efectividad, puesta en prueba en un sinnúmero de veces en que, ese gen del mal escabullido a los grilletes de aquella década de oprobio y desahucio de la integridad, intentó tomar el poder en el Perú desde inicios de la segunda década del siglo 21, y fue frenada con firmeza..
Una tozuda actitud beligerante que si bien despertaba añoranza en las élites dominantes y sus suburbios de desfiguración del credo, felizmente cada vez más rechazadas por la sociedad, y para cierta tranquilidad de esos ojos supremos, imaginadamente de justicia y equidad como base de toda coexistencia, había que añadirle una nada sorprendente capacidad de resiliencia de gran parte de la sociedad peruana, que tras haber enarbolado la bandera de lucha del progreso como forma de perdurar la existencia, basada en el respeto, el mérito y la inclusión, por cuarenta años llenos de frustraciones y una nada envidiable lista de siete presidentes procesados y/o presos por corrupción -via presencial, virtual o invocada-; exactamente siete años previos al final del conteo regresivo climático del 2033, y tras largas luchas, preventivas y consistentes en las calles, hogares y aulas de concienciación ciudadana, que no cesaron ni en los periodos de mayor desesperanza -no podían, con tanto que perder en juego-, lograrían por fin hallar esa lucidez y ese liderazgo que el trabajo en equipo otorga -en tanto los objetivos estén bien definidos-, lo que los diferenciaría también del resto de países del mundo, extendiendo ese modo y resultado de gobierno por muchos años en adelante. El Perú había encontrado ese antídoto esencial para evitar caer por arrastre, en la misma trama irracional de los países "concientizados".
La clave: la unión de criterios basada en la diversidad de pensamiento, sin desechar un objetivo común que había venido de atrás hasta posesionarse como prioridad esencial: darle una razón para resistir a la Tierra, así sea insuficiente hacerlo desde iniciativas individuales -¿pero qué cuantía hay sin individualidad, y que arraigo sin iniciativa?-; más aún si todavía era posible revertir los índices del arrecio climático.
Como un gran cuadro situado en el lado más iluminado de la sala, quedaría registrada la imagen del día en que la indignación volvió a devolverle color al rostro ciudadano. Atrás quedaría esa fecha nefasta en que una mafia política multipartidaria, reciclada tantas veces a partir de los despojos de la dictadura de los 90s, plegaran sus ventosas a dos de los más elaborados casos de corrupción corporativa sucedidos en magnitud y forma a su precursora noventera y los utilizaran como torpederas: Lava Jato y Cuellos Blancos. Ambos, una vez más con la misma constante genética radicular reincidente entrelazando sus enfermizas obsesiones con políticos clones, empresarios y magistrados del sistema de justicia, en un revoltijo de componendas y conspiraciones vitales para su sobrevivencia.
Así, con los huéspedes de estas asociaciones todavía pendientes de ser juzgados -incluída la anfitriona del mal-, ellos decidieron abiertamente declararle la guerra a la democracia. Era la verdadera razón de su "alzamiento", y no fue difícil crear el quórum necesario en el Parlamento que los defendiera, y para ello abrieron un frente inclusivo en el cual los mas diversos delitos -abundantes en casi la totalidad de partidos-, fuesen tolerados con fines extorsivos.
La elección de la nueva Fiscal de la Nación a partir de su promoción a suprema por una nueva entidad nacida tras la caída de su antecesora (el CNM, hallado centro de operaciones de la organización criminal de los Cuellos Blancos), fue vital para la trama de recaptura del sistema de justicia, básico para la subsistencia del poder fáctico, que veía impávido como los juicios se acercaban más a sus fechas de inicio y las carpetas fiscales engrosaban más y más sus potenciales incriminatorios. Un interés cardinal de librar a una hermana suya de cargos por asociación con el narcotráfico, cuyo camuflaje deflagró en una serie de destituciones de fiscales, entre ellos piezas fundamentales de los 2 casos icónicos mencionados, sirvió para ganarse el apoyo incondicional de las organizaciones antidemocráticas pululantes en el Parlamento, que raudamente la adoptaron como su aliada vital en su intensa campaña de captura de instituciones.
Por: Rodrigo Rodrigo
Todos los derechos reservados